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Evaluación Neuropsicológica en al infancia
EVALUACIÓN NEUROPSICOLÓGICA EN LA INFANCIA
 
INTRODUCCION
La evaluación neuropsicológica estudia las relaciones el cerebro y la conducta, y más específicamente, entre los procesos cognitivos y la función cerebral. Tiene como objetivo identificar, describir y cuantificar, siempre que sea posible, los déficits cognitivos y las alteraciones conductuales que se derivan de las disfunciones o las lesiones cerebrales.
En la infancia, la etiologia de los déficits neuropsicológicos se centra en dos grandes ámbitos que agrupan: a) a los sujetos con afectación específica del desarrollo madurativo, y b) a los sujetos que después de un desarrollo inicial normal surge un accidente patológico que deja secuelas que alteran de forma focal o difusa dicho desarrollo.
En ambos ámbitos, estas afectaciones tienen una incidencia muy relevante pues afectan funciones básicas directamente vinculadas con la adquisición de nuevos aprendizajes; favoreciendo un retraso en el desarrollo de sus habilidades cognitivas.
Especial mención, en este sentido, merecen los sujetos con afectaciones específicas en el desarrollo neuromadurativo, pues en la mayoría de los casos no son explorados, pese a ir más retrasados que la mayoría de sus compañeros de edad, hasta que su escaso rendimiento académico pone en alerta al profesorado, solicitando la intervención del especialista. Hasta entonces los padres no habían sido capaces de detectar la presencia de dificultades específicas, ni han observado anomalías prenatales, perinatales, ni postnatales que les haya puesto en sobreaviso.
Esto no acostumbra a ocurrir cuando el daño cerebral es sobrevenido después de un desarrollo normal, al observarse de una forma más evidente la pérdida de habilidades ya adquiridas, además de las características propias de la adquisición de la lesión (normalmente de carácter traumático por accidentes diversos, tumoral o vascular); aspectos que ponen en alerta a los profesionales de la salud del niño sobre la necesidad de realizar una exploración neuropsicológica.
La evaluación neuropsicológica en la infancia, tendrá, así, unas características especiales diferentes de la del adulto, puesto que deberá realizarse desde una perspectiva que tenga en cuenta aspectos evolutivos y madurativos. En este sentido, si bien es claro que el desarrollo de las funciones psicológicas superiores está íntimamente relacionado con el desarrollo madurativo del cerebro, no es menos cierto que la educación, las vivencias experienciadas y el propio lenguaje (es decir, el uso que hagamos de tales funciones) van modulando los sistemas funcionales del cerebro (León-Carrión, 1995); al ser el cerebro un órgano muy plástico, capaz de adaptarse y reorganizarse continuamente cuando las demandas del medio lo requieren, estableciendo nuevos sistemas funcionales. La plasticidad se halla presente durante toda la vida del sujeto, si bien es mayor durante la infancia y la adolescencia. Pese a ello, la incidencia de las alteraciones neuropsicológicas a estas edades es más grave pues afecta a funciones básicas para el desarrollo.
Estructura anatómica-funcional del cerebro y especialización funcional
La organización anatómica y funcional del cerebro se basa en el concepto de sistema funcional elaborado por Luria (Luria, 1973) el cual hace referencia a una dinámica compleja de estructuras del sistema nervioso que funcionan a modo de red, realizando un trabajo común. Es decir, el sistema funcional tiene como base anatómica muchas zonas corticales y subcorticales que trabajan en conjunto mediante la acción de vías de fibras; por lo que será básico en la evaluación neuropsicológica, el conocimiento de la anatomía general del cerebro.
De este modo, en caso de patología, las disfunciones observadas estarán, no sólo relacionadas con los elementos dañados; sino que también se verán afectadas zonas distantes pertenecientes al sistema (Mesulam, 1990; Ellis y Young, 1992).
El concepto de sistema funcional es diametralmente opuesto a los primeros esfuerzos de la neuropsicología clínica orientados, desde un localizacionismo estricto, a identificar zonas determinadas del cerebro con determinadas funciones psicológicas.
La concepción de sistema funcional relativiza la especialización de las estructuras anatómicas del cerebro, constituyendo redes neuronales que son las que forman tales sistemas funcionales, y que en la actualidad se están identificando con el apoyo de los datos clásico derivados de la correspondencia clínico-lesional, así como con estudios neurofisiológicos, de neuroimagen morfológica y de neuroimagen funcional.
La especialización más conocida es la de los hemisferios cerebrales. El hemisferio cerebral izquierdo parece estar especializado en tareas lingüísticas, proposicionales, seriales y de apehensión analítica; mientras que el hemisferio cerebral derecho se implica preferentemente en actividades de proceso prelógico, simultáneo, asociativo, holístico, sintético, imaginativo, sensorial y visoespacial (Bever, 1975; Harnad et al., 1977; Gazzaniga, 1970; Kinsbourne, 1978; Schwartz, Davidson y Mear, 1975; Segalowitz y Gruber, 1977; Galaburda et al, 1974). No obstante, en el más alto nivel funcional los dos hemisferios operan de forma complementaria gracias a la interconexión de ambos a través del Cuerpo Calloso.
Así por ejemplo, el proceso simultáneo característico del hemisferio derecho es especialmente importante en el reconocimiento de letras y palabras (tarea visoespacial), necesario para el aprendizaje de la lectura, de la que el hemisferio izquierdo es el especializado.
Existe, además, una maduración evolutiva funcional de los hemisferios, que es diferente para cada hemisferio en las distintas etapas del desarrollo. Este proceso madurativo es más homogeneo en el hemisferio derecho, en el cual se observa una dominancia relativa en la infancia, época prelógica de mayor componente motor, intuición e imaginación; para dejar posteriormente paso a una dominancia preferentemente izquierda en la mayoría de sujetos, debido a que el aporte genético y la influencia de la educación nos hacen más racionales, lógicos y lingüísticos.
Tradicionalmente a los lóbulos cerebrales también se les ha asignado una especialización funcional, que debe ser relativizada en función de los aspectos citados anteriormente. El lóbulo frontal está fundamentalmente relacionado con el habla, la motricidad, la atención y la organización y planificación de la conducta. El occipital con el procesamiento visual. Una disfunción occipital conducirá a una pobre percepción y comprensión visuales. El lóbulo parietal se ha relacionado con las estructuras sensoriales y somato-cinestésicas. El temporal con el procesamiento auditivo, el habla y la memoria.
Autores:
· Santiago Batlle Vila
· Josep Tomàs Vilaltella
· Anna Bielsa Carrafa
Unidad de Psiquiatría. Hospital Materi-Infantil Vall d’Hebron.
Barcelona. España